Malditos recuerdos, de nuevo me aturden me llenan de melancolía y miedo recordar aquella maldita noche, aquella noche que la arranco de mi vida, me hace sentir como el peor de los idiotas, perderla de esa forma, de esa manera sin siquiera poder decirle adiós, o que la amaba con el alma si es que tal cosa existe, porque si existe creo que yo ya la perdí.
Han pasado ya seis meses desde aquel horrible suceso, recupero la vista poco a poco pero no porque quiera sino porque mi mamá insiste, las terapias son bastante dolorosas pues mis ojos son sometidos a terapias de foto sensibilidad, lo cual hace que mi cerebro se sienta aturdido, pero lo peor no es el dolor físico son las pesadillas recurrentes que me recuerdan aquella noche, últimamente no duermo por que me da miedo ver aquellas imágenes pasando por mi mente como un cortometraje de la más grande tragedia, pero de nada me sirve evitar el sueño ya que así tenga los ojos bien abiertos aun sigo sumido en las más profunda oscuridad y en el desasosiego de la soledad, luchando para atesorar los recuerdos más buenos y borrar los tormentosos.
A veces pienso que me sería más fácil seguir luchando si estuvieras aquí, pero me tengo que recordar que ya no estas, ¡ha! que mal se siente estar así sumido en la tristeza cuando antes en mi vida lo único que había era felicidad, es tan triste saberse solo, sentirse vació y sin corazón porque este se ha partido en mil pedazos , y no por una traición sino por que la muerte trunco su amor, no le he dicho a nadie como me siento, mi mamá insiste en que debo visitar a un psicólogo porque lo necesito según ella, pero yo se que el psicólogo no va ha ser la solución a mis problemas, él no puede devolverte a la vida no puede remplazarte no puede darme una esperanza, no puede inyectarme ganas de vivir cuando lo único que pienso es en morir. Si me escucharas dirías que ese no soy yo.
Hoy un nuevo maldito día, tengo que levantarme como siempre o mejor seguir despierto en la oscuridad y sumido en el dolor, me baño como puedo pues debo decir que me he acostumbrado a valerme por mi mismo. Bajo las escaleras con ayuda de mi madre desayunamos sumidos en el mas profundo silencio, terminamos y salimos a las terapias como siempre, llegamos y el doctor me habla con ese tono de lastima que ya conozco:
- Bueno días Daniel. ¿Cómo te has sentido?
- Como siempre doctor, mejor ahora veo puntos de luz.
- Eso es muy buen avance, quiere decir que pronto recuperaras la vista
- Gracias por sus bueno deseos y atención.-con todo el sarcasmo posible-
- Bueno vamos a iniciar con la terapia
He inicia la tortura un lucecita en mis ojos titilando, y en este estado me la paso una hora de mi vida mientras en medio del horrible desconcierto que me produce la dichosa luz veo tu rostro y escucho tu risa, se que mi mamá esta afuera presa de la más grande angustia pues su corazón desea que su hijo vuelva a ser el de siempre recupere su vista, y vuelva a ser el de antes. Él de antes si supiera que no volveré a ser el de antes así recupere la vista, el dolor que siento dentro no va a desaparecer. Bueno se acaba la terapia y mi mamá me recoge como quien recoge a un perro apaleado.
Llegamos a la casa y mi dolor de cabeza aumenta, no grito porque no quiero asustar a mi mamá, pero es lo que más quisiera mi cabeza me da vueltas parece que va estallar, mi mamá me sube al cuarto inconciente de lo que me pasa, me acuesto en la cama y le pido a mi me mamá que se retire con un tono de voz moderado, ella sale del cuarto con resignación, luego de que ella cierra la puerta, me pongo a llorar en silencio, a gritar desde el fondo de mi cuerpo, no quiero pastillas para el dolor no quiero psicólogo que me diga como vivir tan solo te quiero a ti, y que este maldito dolor de cabeza, y esta maldita ceguera sea tan solo una pesadilla y que te muerte sea tan solo un fantasía retorcida y lejana.
Dime Luciana como puedo seguir viviendo sin ti, maldita sea porque te fuiste y me dejaste aquí, ¡ha! Maldito dolor, me hace retorcerme y ahora viene lo peor el dolor me trae tus recuerdos como para variar los buenos, los malos todos, ¡ha! Vienen ami, me duele el cuerpo me duele todo, llega el primero de ellos o el más nítido de todos los que tengo, nuestra primera vez juntos, me parece un momento mágico siento un dolor en el pecho pero es un dolor que me complace sentir, te veo recostada en mi cama junto a mí, nerviosa y ansiosa es lindo verte así de nuevo pero es doloroso recordar que tan solo es eso un maldito recuerdo una realidad lejana. Inicio a acariciarte suave y dulcemente, te susurro al oído que te amo, que te necesito para vivir, que eres lo mejor que tengo en la vida y te acojo entre mis brazos y te hago mía.
Ahora viene nuestra primera pelea bastante dolorosa, ese día me echaste como un perro de tu vida, dijiste tantas cosas, esa noche me emborrache hasta que perdí la conciencia llegue a mi casa, en la absoluta embriaguez, llore como para variar y luego te escribí un poema, donde te expresaba mi mas sincero amor, mis mas fervientes disculpas, te lo entregue al día siguiente en la mañana en el colegio y me fui como si nada, luego estabas en la clase de deportes me besaste y entendí que me había perdonado, por ser un patán, luego vienen los recuerdos de las fiestas, de los besos las sonrisas, las noches en la playa, las caminatas bajo la lluvia tantas cosas tan hermosas pero tan simples a decir verdad.
Y ahora los tormentos, la noche la maldita noche aquella que me alejo de ti esa que me llevo a perderte, tu cadáver en mis manos, mis ojos perdiéndote de vista mirándote cada vez mas borrosa, luego la noche en el hospital bajo el sedante y después, maldita sea después tu entierro ni siquiera pude verte por ultima vez, ¡Ha! maldita vida , tu madre llorando, tu padre preguntándome que paso, tu hermanita llorando y yo sin poder ver sin poder decir nada, solo esperando que la muerte me llevara con una rosa amarilla en la mano, acordándome de que era tu favorita arrojando un beso y una maldición al viento. Y luego la maldita noticia de que al tipo que me partió la vida en dos lo iban a dejar libre. Porque no había pruebas y aunque tenía alcohol en la sangre no había manera de que yo dijera cual iba conduciendo porque iban dos en ese maldito carro y yo ahora era un ciego.